La política

Ligada a lo público y al interés general, la política se construye en un espacio tensionado por el conflicto, el poder y el orden.

El estado

Integrado por un conjunto de instituciones, el Estado constituye un instrumento de dominación política que tiende asegurar el orden social.

La democracia

La democracia constituye el régimen político que combina el respeto a los derechos fundamentales, la ciudadanía y representación de los gobernantes.

La limitación del poder

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Los derechos humanos

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Ciudadanía, representación y participación

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domingo, 23 de marzo de 2014

Hannah Arendt. La política, espacio de acción y discurso


La esfera política surge de actuar juntos, de «compartir palabras y actos». Así, la acción no sólo tiene la más íntima relación con la parte pública del mundo común a todos nosotros, sino que es la única actividad que la constituye. (…)
La polis, propiamente hablando, no es la ciudad-estado en su situación física; es la organización de la gente tal como surge de actuar y hablar juntos, y su verdadero espacio se extiende entre las personas que viven juntas para este propósito, sin importar dónde estén. «A cualquier parte que vayas, serás una polis»: estas famosas palabras no sólo se convirtieron en el guardián fiel de la colonización griega, sino que expresaban la certeza de que la acción y el discurso crean un espacio entre los participantes que puede encontrar su propia ubicación en todo tiempo y lugar. Se trata del espacio de aparición en el más amplio sentido de la palabra, es decir, el espacio donde yo aparezco ante otros como otros aparecen ante mí, donde los hombres no existen meramente como otras cosas vivas o inanimadas, sino que hacen su aparición de manera explícita.
Este espacio no siempre existe, y aunque todos los hombres son capaces de actos y palabras, la mayoría de ellos -como el esclavo, el extranjero y el bárbaro en la antigüedad, el laborante o artesano antes de la Época Moderna, el hombre de negocios en nuestro mundo- no viven en él. Más aún, ningún hombre puede vivir en él todo el tiempo. (…)
El espacio de aparición cobra existencia siempre que los hombres se agrupan por el discurso y la acción, y por lo tanto precede a toda formal constitución de la esfera pública y de las varias formas de gobierno, o sea, las varias maneras en las que puede organizarse la esfera pública. (…)

Arendt, Hannah. La condición humana. Barcelona, Paidós, 1993, selección


jueves, 6 de marzo de 2014

Giovanni Sartori. Definir la democracia

Si definir la democracia es explicar qué significa el vocablo, el problema se resuelve rápido; basta saber un poco de griego. La palabra significa, literalmente, poder (kratos) del pueblo (demos). Pero habremos resuelto sólo un problema de etimología: únicamente se ha explicado el nombre. Y el problema de definir la 
democracia es mucho más complejo. El término democracia está para algo. ¿Para qué? El que la palabra “democracia” tenga un preciso significado literal o etimológico, no ayuda para nada a entender a qué realidad corresponde ni cómo están construidas y funcionan las democracias posibles. No nos ayuda porque entre la palabra y su referencia, entre el nombre y el objeto, el paso es largísimo. 
 Ya que el significado literal del término corresponde poco y mal a su referencia, ¿cómo remediar esto? A primera vista puede parecer que la solución es fácil. Si es verdad que la dicción nos desvía, ¿por qué denominar las cosas con etiquetas que no corresponden? Se ha constatado que las democracias son de hecho “poliarquías”.
 Admitida la afirmación como exacta, ¿por qué no llamarlas así? La respuesta es que aun cuando el término “democracia” no nos sirve para fines descriptivos, es necesario para efectos normativos. Un sistema democrático es ubicado por una deontología democrática, y ello porque la democracia es y no puede ser desligada de aquello que la democracia debería ser. Una experiencia democrática se desarrolla a horcajadas sobre el desnivel entre el deber ser y el ser, a lo largo de la trayectoria signada por las aspiraciones ideales, que siempre van más allá de las condiciones reales.

Fuente: Sartori, Giovanni.¿Qué es la Democracia?, Capitulo I, Taurus, Madrid, 2003, pp. 17

lunes, 3 de marzo de 2014

Democracia


El siguiente video que integra la serie Consciente Colectivo emitida en Canal Encuentro, explora la noción de democracia, sus orígenes y sus alcances. Un sistema que nos permite ampliar nuestros derechos y garantías permanentemente, tanto a través del consenso como del conflicto. Y que, en nuestro país, ha sido interrumpido demasiadas veces.



Fuente: Encuentro. (2011). Democracia; disponible en http://www.educ.ar/sitios/educar/recursos/ver?id=100425


martes, 7 de agosto de 2012

J. Locke. Estado de naturaleza

CAPÍTULO 2.  DEL ESTADO DE NATURALEZA 

4. Para entender el poder político correctamente, y para deducirlo de lo que fue su origen, hemos de considerar cuál es el estado en que los hombres se hallan por naturaleza. Y es éste un estado de perfecta libertad para que cada uno ordene sus acciones y disponga de posesiones y personas como juzgue oportuno, dentro de los límites de la ley de naturaleza, sin pedir permiso ni depender de la voluntad de ningún otro hombre. 
Es también un estado de igualdad, en el que todo poder y jurisdicción son recíprocos, y donde nadie los disfruta en mayor medida que los demás. Nada hay más evidente que el que criaturas de la misma especie y rango, nacidas todas ellas para disfrutar en conjunto las mismas ventajas naturales y para hacer uso de las mismas facultades, hayan de ser también iguales entre sí, sin subordinación o sujeción de unas a otras, a menos que el amo y señor de todas ellas, por alguna declaración manifiesta de su voluntad, ponga a una por encima de otra, y le confiera, mediante un evidente y claro nombramiento, un derecho indudable de dominio y de soberanía. (…) 
6. Mas aunque éste sea un estado de libertad, no es, sin embargo, un estado de licencia. Pues aunque, en un estado así, el hombre tiene una incontrolable libertad de disponer de su propia persona o de sus posesiones, no tiene, sin embargo, la libertad de destruirse a sí mismo, ni tampoco a ninguna criatura de su posesión, excepto en el caso de que ello sea requerido por un fin más noble que el de su simple preservación. El estado de naturaleza tiene una ley de naturaleza que lo gobierna y que obliga a todos; y la razón, que es esa ley, enseña a toda la humanidad que quiera consultarla, que siendo todos los hombres iguales e independientes, ninguno debe dañar a otro en lo que atañe a su vida, salud, libertad o posesiones. (…) 
7. Y para que todos los hombres se abstengan de invadir los derechos de los otros y de dañarse mutuamente, y sea observada esa ley de naturaleza que mira por la paz y la preservación de toda la humanidad, los medios para poner en práctica esa ley les han sido dados a todos los hombres, de tal modo que cada uno tiene el derecho de castigar a los transgresores de dicha ley en la medida en que ésta sea violada. (…) 

CAPÍTULO 8. DEL ORIGEN DE LAS SOCIEDADES POLÍTICAS 

95. Al ser los hombres, como ya se ha dicho, todos libres por naturaleza, iguales e independientes, ninguno puede ser sacado de esa condición y puesto bajo el poder político de otro sin su propio consentimiento. El único modo en que alguien se priva a si mismo de su libertad natural y se somete a las ataduras de la sociedad civil, es mediante un acuerdo con otros hombres, según el cual todos se unen formando una comunidad, a fin de convivir los unos con los otros de una manera confortable, segura y pacífica, disfrutando sin riesgo de sus propiedades respectivas y mejor protegidos frente a quienes no forman parte de dicha comunidad. (…) 
96. Pues cuando un número cualquiera de hombres, con el consentimiento de cada individuo, ha formado una comunidad, ha hecho de esa comunidad un cuerpo con poder de actuar corporativamente; lo cual sólo se consigue mediante la voluntad y determinación de la mayoría. (…) 
97. Y así, cada hombre, al consentir con otros en la formación de un cuerpo político bajo un solo gobierno, se pone a si mismo bajo la obligación, con respecto a todos y cada uno de los miembros de ese cuerpo, de someterse a las decisiones de la mayoría y a ser guiado por ella. Si no, ese pacto original mediante el que un individuo acuerda con otros incorporarse a la sociedad, no significaría nada; y no habría pacto alguno sí el individuo quedara completamente libre y sin más lazos que los que tenía antes en el estado de naturaleza. (…) 
99. Por lo tanto, quienesquiera que salgan del estado de naturaleza para integrarse en una comunidad, debe entenderse que lo hacen entregando a la mayoría de esa comunidad, o a un número más grande que el que la simple mayoría, si así lo acuerdan, todo el poder necesario para que la sociedad alcance esos fines que se buscaban y que los convocaron a unirse. Esto es lo que acuerdan por el mero hecho de unirse en una sociedad política, y esto es todo lo que se necesita para que se establezca el pacto entre aquellos individuos que se integran para formar un Estado. Así, lo que origina y de hecho constituye una sociedad política cualquiera, no es otra cosa que el consentimiento de una pluralidad de hombres libres que aceptan la regla de la mayoría y que acuerdan unirse e incorporarse a dicha sociedad. Eso es, y solamente eso, lo que pudo dar origen a los gobiernos legales del mundo. (…)

Fuente: Locke, John. (1690). Segundo tratado sobre el gobierno civil, (selección; versión de Carlos Mellizo,  Alianza editorial, Madrid, 2000)

domingo, 5 de agosto de 2012

Poliarquía



Robert Dahl estudió la democracia como régimen político y aplicó su estudio al análisis de las sociedades contemporáneas.
Para el autor la teoría sobre la democracia aporta una redefinición formal de una norma de procedimiento necesaria para el logro perfecto o ideal de la igualdad política y la soberanía popular, pero no alcanza a explicar el “mundo real”.
Por eso, para “maximizar” la democracia en situaciones concretas, Dahl propone una serie de condiciones e instituciones necesarias, que reúne con el nombre de poliarquía.
Para que exista una poliarquía deben estar presente las siguientes instituciones:
1. Cargos públicos electos. El control de las decisiones gubernamentales está en manos de funcionarios que ejercen los cargos públicos y quen sido elegidos por los ciudadanos. Los gobiernos democráticos modernos son representativos.
2. Elecciones libres, imparciales y frecuentes. Los funcionarios son elegidos en elecciones regulares, limpias y con escasa coerción.
3. Libertad de expresión.  Los ciudadanos tienen derecho a expresarse, sin peligro de un castigo severo, sobre asuntos políticos en sentido amplio, incluyendo la critica a los funcionarios públicos, al gobierno, al régimen, al sistema socioeconómico y a la ideología prevaleciente.
4. Acceso a fuentes alternativas de información. Los ciudadanos tienen el derecho de acceder a fuentes de información alternativas e independientes, que no están bajo el control del gobierno ni de cualquier otro grupo político individual que intente influir sobre los valores y las actitudes políticas públicos, y estas fuentes alternativas están efectivamente protegidas por la ley.
5. Autonomía de las asociaciones. Para alcanzar o defender sus derechos, incluidos los políticos, los ciudadanos tienen también el derecho de constituir asociaciones u organizaciones relativamente independientes, incluyendo partidos políticos y grupos de interés.
6. Ciudadanía inclusiva. Todo adulto residente en el país, y sujeto a sus leyes, debe poder ejercer los derechos que disfrutan otros, necesarios para el ejercicio de las instituciones políticas de la poliarquia. Estos incluyen el derecho al sufragio; a ocupar cargos electos; a expresarse libremente; a formar y participar en organizaciones políticas independientes; a tener acceso a fuentes independientes de información; y derecho a otras libertades y oportunidades  que puedan ser necesarias para el funcionamiento efectivo de las instituciones políticas de la democracia.

viernes, 3 de agosto de 2012

Robert Dahl. La poliarquía



Poliarquía se deriva de las palabras griegas que significan "muchos" y "gobierno"; se distingue así el "gobierno de los muchos" del gobierno de uno o monarquía, o del gobierno de los pocos, aristocracia u oligarquía. A pesar de que dicho término apenas había sido usado, un colega y yo lo introdujimos en 1953 como una adecuada forma para referirnos a una democracia representativa moderna con sufragio universal. A partir de ahora lo utilizaré en este sentido. Más específicamente, una democracia poliárquica es un sistema político dotado de las seis instituciones democráticas contenidas en la lista de arriba. La democracia poliárquica es, pues, distinta de la democracia representativa con sufragio restringido, como la del siglo XIX. Es también diferente a las democracias y repúblicas más antiguas, que no sólo tenían sufragio restringido, sino que carecían de muchos de las otras características cruciales de la democracia poliárquica, tales como partidos políticos, derecho a formar organizaciones políticas para influir en a oponerse a los gobiernos existentes, grupos de interés organizados, etcétera. Es también distinta de las prácticas democráticas propias de unidades tan pequeñas que permiten el establecimiento de una asamblea directa de sus miembros y su decisión (o recomendación) directa de las políticas o leyes.

Fuente: Dahl, Robert. (1999).La democracia una guía para los ciudadanos, Capítulo VIII, Taurus, España, pp. 105.

martes, 31 de julio de 2012

Democracia delegativa


En 1991, coincidiendo con los gobiernos de Collor de Mello en Brasil, Menem en Argentina y Alan García en Perú, el politólogo argentino Guillermo O´Donnell publicó un artítulo denominado Democracia Delegativa, para conceptualizar las nuevas formas institucionales que asumían entonces, algunas democracias en la región.
Para O´Donnell, las democracias delegativas comparten con las democracias representativas dominantes en Europa y América del Norte, su legitimidad de origen; sus gobiernos han surgido de elecciones libres y competitivas. Al igual que estas, mantienen ciertas libertades básicas, como la libertad de expresión, de prensa, reunión y asociación, aun cuando en algunos caso, estas libertades se encuentren amenazadas.
Sin embargo, a diferencia de las democracias representativas, se fundan en otros pilares institucionales compatible con el ejercicio de una ciudadanía de baja intensidad; el rol de los ciudadanos se limita a la participación electoral para “delegar” ampliamente sus responsabilidades en el gobernante y desentenderse de la vida política.
La contracara del desinterés ciudadano, es un fuerte protagonismo de los gobernantes a quienes la sociedad ve como “salvadores”, capaces de interpretar las necesidades de la nación y de dar respuesta a los problemas políticos.
Consecuentemente, el poder tiende a concentrarse en el Poder Ejecutivo, y el presidente elegido por una amplia mayoría, se ve asimismo como una figura por encima de los partidos políticos y los intereses organizados. Los Poderes Legislativo y Judicial, son vistos como estorbos para el gobierno, y el Ejecutivo, termina creyendo que no tiene la obligación de rendir cuenta de su gestión y hacerse responsable de ella (accountability).
Las democracias delegativas son presentadas por el autor, como democracias o poliarquías menos liberales y menos republicanas que de las democracias representativas.
Veinte años después del artículo original, O´Donnell ha revisado el concepto, para actualizarlo de acuerdo con la evolución sufrida por los regímenes políticos de la región durante esas dos décadas.

Bibliografïa
O´Donnell, G. (1991). ¿Democracia Delegativa?. En Novos Estudos CEBRAP (1991) 31: 25‑40.Versión en castellano, ¿Democracia Delegativa?. Cuadernos del CLAEH. 17 n.6. 9-19. 1992. Versión en inglés, Delegative Democracy. Journal of Democracy. 5:55-69, 1994.
O´Donnell, G. (2007). Disonancias, críticas democráticas a la democracia. Buenos Aires: Prometeo Libros.
O´Donnell, G. (2010). Revisando la democracia delegativa. Recuperado el 20 de Marzo de 2010, de La red mundial: http://clubpoliticoargentino.blogspot.com.ar/2010/01/revisando-la-democracia-delegativa.html
O'Donnell, G., Iazzetta, O. y Quiroga, H. (coord.) (2011). Democracia Delegativa. Buenos Aires. Prometeo.

Enlaces
El primer artículo O´Donnell, G. (1991).¿Democracia Delegativa? en versión castellana se puede consultar en el siguiente enlace: http://www.forumjustica.com.br/wp-content/uploads/2011/10/O%C2%B4Donnell_Democracia-Delegativa.pdf.
O´Donnell, G. (2010). Revisando la democracia delegativa; en alguno de los siguientes enlaces: 
http://www.escenariosalternativos.org/default.asp?seccion=coyuntura1&subseccion=coyuntura1&nota=3794
http://clubpoliticoargentino.blogspot.com.ar/2010/01/revisando-la-democracia-delegativa.htmlhttp://www.difusioncultural.uam.mx/casadeltiempo/31_iv_may_2010/casa_del_tiempo_eIV_num31_02_08.pdf
Hay también algunos artículos periodísticos del autor sobre el tema: http://www.lanacion.com.ar/1132901-la-democracia-delegativa http://edant.clarin.com/diario/2010/01/12/opinion/o-02118008.htm